El 15 de febrero de 1812 en Killingly, Connecticut, nació Charles Lewis Tiffany. A los 15 años empezó a trabajar en la tienda de su padre y en 1837 hizo las maletas y se marchó a Nueva York con su amigo John Young y unos 1000 dólares que les habían prestado. Con ellos, abrieron una pequeña tienda en Broadway llamada “Tiffany, Young and Ellis”, que operaba como  “stationery and fancy goods emporium” (vendían artículos de papelería y otros objetos lujosos y de alta calidad). 

En 1853 Charles Lewis Tiffany tomó el control del negocio y la tienda empezó a llamarse Tiffany & Co. 

Por una de las casualidades de la vida, en 1858 Charles empezó a fabricar él mismo una especie de souvenirs con unos cables y desde entonces el negocio comenzó a prosperar.

Durante la Guerra de Secesión (1861-1865) se dedicaron a fabricar espadas y medallas condecorativas. Esto, unido a la incansable búsqueda de objetos únicos y exclusivos de Charles Tiffany cautivó y fascinó a la gente adinerada de Nueva York. 

Cuando acabó la Guerra Tiffany se especializó en el comercio de objetos de oro, plata y piedras preciosas y además estableció el estándar de la plata de ley 925*.

En 1867 Tiffany & Co. obtuvo el Premio al Mérito en la Exposition Universelle de París, convirtiéndose en la primera empresa estadounidense en obtener el reconocimiento de un jurado europeo. Su fama terminó de extenderse por todo el mundo cuando en 1887 la tienda obtuvo algunas de las joyas de la Corona de Francia y la prensa apodó a Charles “el rey de los diamantes”.

Charles Lewis Tiffany murió el 18 de febrero de 1902, dejando a sus herederos un negocio de 35 millones de dólares y de renombre mundial. La joyería se hizo cada vez más exclusiva, y en 1940 se estableció en una esquina de la Quinta Avenida de Nueva York. Hoy la que se considera la casa de diseño más importante de Estados Unidos y la principal joyería del mundo, tiene sucursales repartidas por todo el globo. 

Aunque el primer día de trabajo cerró la caja con unas ventas de 4’98 dólares, el mundo de las joyas y los artículos de lujo nunca volvería a ser el mismo.

Tiffany & Co. en la Quinta Avenida

*La plata pura es demasiado blanda por su cuenta, así que necesita una aleación con otro metal, generalmente cobre. La norma de calidad para la plata que estableció Tiffany fue una proporción mínima de 92’5% de plata pura dejando el 7’5% restante a la aleación del otro metal. Esta “norma” sigue vigente hoy en día. 
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comentarios
  1. cool typing test dice:

    We should have a saturnalia!!!!

    Me gusta

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